SOBRE MÍ


Hola, me llamo Vicky, catalana, nacida en Barcelona, pero soy de donde la vida me ha llevado, y en este momento estoy en Castelló d'Empùries, un pueblo precioso de l'Alt Empordà en la Costa Brava. Aquí me trajo hace seis años el amor, un amor de madurez, bueno, dulce y tranquilo. 

Tengo dos hijos a los que su vida los ha llevado algo lejos, Londres y Berlín, ¡como los echo de menos!, y los dos de mi marido. Por suerte tooodos son ya mayores (25-23-17-15) no, no son unas medidas, sino la edad de nuestros cuatro hijos.

Me encantan los animales, los perros sobre todo y siempre he tenido alguno que me ha acompañado por las andanzas de la vida, mis querdidas Fosca y Boira fueron dos de ellas. También tuve peces, tortugas, hámsters, conejos,  un erizo, un gato, y  en este momento, tengo dos perros: Mel y Nano. Los fui a buscar a la perrera para darles (mejor dicho darnos) una segunda oportunidad. Yo estoy encantada con su compañía y ellos parece que también con la mía.

Mis aficiones son la costura, las manualidades, la restauración, la decoración,  el diseño gráfico, la ilustración, la fotografía.... ¡Ah! Practico el pádel y, de vez en cuando, el senderismo.

Soy -lo que se dice- un culo inquieto, además de curiosa, risueña, impaciente, honesta, vergonzosa, seria en el trabajo, ordenada, responsable, bastante perfeccionista y, también -lo tengo que reconocer- puedo enfadarme con facilidad. Eso sí, siempre con motivo. Lo bueno es que se me pasa en seguida y después no me acuerdo de por qué me había enfadado.

Me puedo definir como una artesana totalmente autodidacta. 

Mi escuela han sido mi madre, mi tía, las revistas y libros que compraba, Internet (cuando apareció y yo aprendí a moverme en él), los consejos de los expertos; pero, sobre todo, la constancia y  perseverancia que he puesto en todo lo que he hecho.

Me considero a ratos, decoradora, ilustradora, dibujante, modista, restauradora, florista, pintora, diseñadora...

De pequeña me encantaba dibujar, y en el colegio ayudaba siempre a realizar los murales que decoraban los pasillos y las aulas. Ya de adolescente, deleitaba a los compañeros del instituto con los dibujos surrealistas que realizaba casi siempre a bolígrafo. También tuve mis momentos pictóricos, mis padres y mis tíos tienen la prueba de aquella época. Mis cuadros cuelgan -sin vergüenza- de sus paredes.

Por motivos de trabajo, me he trasladado muchas veces de casa; y es así como puse a prueba mis dotes de decoradora. ¡De algo tenían que servirme todas las revistas de decoración que había ido comprando mes tras mes durante tantos y tantos años! Imaginad la satisfacción de conseguir que cada casa se viera diferente, a pesar de usar los mismos muebles. Menos mal que eran modulares, los montaba de diferente forma, añadía o quitaba alguna parte… ¿Y las mismas cortinas? Pues sí, las acortaba o añadía un tejido coordinado si es que eran cortas y... ¡ya está! Cortinas nuevas…
Pero lo mejor eran las habitaciones de los niños. Cuando nacieron mis hijos mi creatividad se vio repleta de ideas para hacer que fueran acogedoras y divertidas. Decorar sus habitaciones ha sido la cosa más satisfactoria que he hecho. Pintar las paredes, empapelar algunos trozos, poner frisos, lacar los muebles, hacer dibujos en las paredes, crear siluetas de madera, coordinar los tejidos con la decoración…¡¡¡Qué bonitas me quedaban!!! Aunque no quede muy bien tirarme flores...

También compraba y continúo comprando muebles y objetos viejos para restaurarlos y darles una nueva vida en mi hogar. A veces conservo su esencia e intento que recuperen su esplendor devolviéndoles el aspecto que tenían en el pasado. Otras, dependiendo de lo maltrechos que estén, los rejuvenezco cambiándoles el aspecto y dándoles otra oportunidad.

En cuanto a la costura, ya en el colegio las monjas nos enseñaron a hacer alguna cosilla. Teníamos la asignatura de Labores, y la verdad es que aprendí en el cole;  pero lo que sé se lo debo sobre todo a mi madre y a mi tía, que es modista. Mi madre me enseñó a tricotar con dos agujas y a trabajar el ganchillo; con mi tía, durante los largos veranos que pasábamos en su casa, entre baños en la playa y juegos por las calles del pueblo, todavía me quedaba tiempo para aprender a hacer los puntos que me enseñaba y a hacer mis primeros pinitos en el mundo de la costura... 
Yo con mi osadía, me lancé a tricotar jerséis, chaquetas, gorros, a hacer cortinas, cojines, tapetes a ganchillo, alguna blusa y falda, a confeccionar y bordar sábanas y manteles, bordar cuadros a punto de cruz... llenando las horas libres.

La afición de mi hija -el ballet-, hizo que me convirtiera, un poco, en diseñadora, y, un mucho, en modista de los trajes que tenían que lucir las niñas en el festival de final de curso. Cada año los meses de mayo y junio eran un jolgorio de vestidos llenos de color, de diferentes formas, medidas y colores. ¡Como llegué a disfrutar con ello!. Y como lo echo de menos.

Estudié floristería en la Escola d’Art Floral de Catalunya, en su sede de Girona, pero nunca he ejercido oficialmente como tal. Sí, sí que he hecho ramos. Los ramos de novia de tres cuñadas, y alguno más que me encargaron, toda la decoración floral de la boda de dos de ellas y la de mis segundas nupcias. Ramos de aniversarios... y un montón de centros de navidad que durante muchos años he ido haciendo para toda la familia.

Como podéis ver, he hecho y hago de casi todo lo que las mis manos y la imaginación me permiten… Hay que reconocer que no se me da mal del todo, pero sobre todo espero poder seguir haciendo muchas más cosas, por una sola razón,: porque disfruto con ello.


(Escrito una tarde de septiembre de 2013).





0 comentarios :

Publicar un comentario

Muchas gracias por tu comentario,

Vicky

0 comentarios :

Publicar un comentario

Muchas gracias por tu comentario,

Vicky

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...