Restaurando un reclinatorio

¡Hola!

El septiembre pasado una amiga me pidió un pequeño favor. 
Ella tenía un antiguo reclinatorio, de esos de antes, que se tenía en propiedad en la Iglesia para cuando iban a misa. De esos que, además, se convertían en silla…

Pues bien, decidió arreglarlo. Lo decapo, lijó y volvió a barnizar, y le quedaba hacer el culo de la silla, que quería hacerlo con cuerda, pero… En la parte trasera llevaba pintadas las iniciales de la persona de la que era propiedad y se tenía que volver a pintar.
Mi amiga, antes de empezar con la restauración, calcó las letras tal como eran para después volver a estamparlas.

Pues bien, el favor que me pidió era si yo se las podía pintar, ya que ella, según me dijo no tenía suficiente pulso y le daba miedo que lo le quedara bien, ¡¡¡como si a mí me fuera a quedar perfecto!!! Jajaja

Bueno, hice lo que pude.

Primero practiqué un poco en un papel. Marqué las letras en la silla y… con tinta dorada las estampé.

Y ya veis el resultado, un Trabajo que hice en muy poquito tiempo.

Supongo que ella ya lo debe tener acabado… Me he quedado con las ganas de verlo terminado. Seguro que luce súper bonito.

 

¡Hasta pronto!


Una segunda oportunidad

¡Hola!
Hoy os quiero enseñar el trabajo que hice este verano. 
Una amiga me pidió si podía dar una segunda oportunidad a este viejo armario que querían poner en el restaurante de su hija… Y yo, ¡Encantada con el proyecto! Ya veis que a la Vicky de L’@LaRoba no se le resiste nada. Y es que todo lo que sea manual ¡¡¡¡¡Me encanta!!!!!
El Trabajo principal era cambiar su aspecto con una buena mano de pintura.
La madera no estaba en mal estado, así, lo primero que hice fue limpiarlo bien, pasé el aspirador por todos los rincones y luego un trapo húmedo para que no quedara nada de polvo y suciedad.
Quité todos los herrajes y las puertas para poder trabajar más cómodamente.
Luego pasé a pintarlo. Use pintura a la tiza, la Chalk Paint, que por cierto está muy de moda y sinceramente es que es genial, porque no necesitas ni imprimación, ni quitar restos de pinturas anteriores ni nada de nada.
La primera capa de pintura fue en color blanco antiguo. Pinté todo el exterior así como el interior.
Cuando la pintura estuvo seca, le pase una segunda capa en color verde agua muy clarito diluida en agua, para “ensuciar la pintura blanca, no para taparla, pero solo al exterior del armario.
Al interior le di la segunda capa del mismo blanco Antiguo que había utilizado.
Seguidamente forré el interior con papel vinílico adhesivo, en un tono beige a topos.
Monté las puertas y los herrajes y….. ¡Me armé con la lijadora eléctrica para “envejecer” el armario!
La pasé por las zonas que más desgaste acostumbran a tener, salientes,  puertas….
Cuando me pareció que ya estaba suficientemente envejecido, quité muy bien el polvo y barnicé el armario. Todo. Interior y exterior. Para ello utilicé un barniz al agua semi-mate que da un acabado muy parecido al encerado manual.
¡¡¡Y listo!!!!
No parece el mismo, a que no.
¡Nos vemos pronto!

 


Recuperación de un viejo escritorio

¡Hola!
Hacía mucho tiempo que no os mostraba algo de restauración, y, no es porque no hubiese hecho nada últimamente, no…, es porque hago tantas cosas que he de racionar los contenidos e ir mostrando las cosas poco a poco. 
Hoy toca enseñaros, por fin, la restauración del escritorio que hice el mes de septiembre pasado.
Bueno, más que una restauración, lo que he realizado es una recuperación de un viejo escritorio.
Un escritorio que pedía a gritos que lo adecentaran.
Ya veis el antes y el después… Realmente ha valido la pena.
Este escritorio hacia cómo la friolera de más de quince años que me lo dieron. Su antigua propietaria lo quería tirar y yo rápidamente me lo adjudiqué y me lo llevé a casa.
Estaba pintado con esmalte blanco brillante y la pintura estaba en muy mal estado, así que empecé lijando.
Quité toda la pintura de las zonas en que la pintura estaba muy mal. No importaba que quedaran restos de pintura, ya que de todos modos el escritorio iba a ir pintado de nuevo.
La pintura que escogí fue Chalk Paint en color blanco antiguo, por su facilidad de agarre, pero sobre todo por el toque vintage que aporta.
Los cajones decidí pintarlos en diferentes tonos: verde agua, rosa, fucsia y un marrón topo.
Una vez pintado y seco, le tocó el turno a lo que menos me gusta, pero que es muy importante: Dar varias capas de cera.
La cera le aportada durabilidad y resistencia al paso del tiempo, un brillo satinado muy bonito y suavidad al tacto. ¡Pero es un rollo tener que ponerla y después pasar el paño! Grrr.
Como paso final… Forré los cajones. Aquí cometí un error, usé un papel que tenia por casa y ahora no me gusta, lo encuentro demasiado fucsia, quizás tendría he haber usado un color más suave, o un estampado diferente, en lugar de los cuadros. Bueno, si algún día tengo ganas, y tiempo, lo vuelvo a forrar y listo. ¡No hay problema que se e resista!
Y aquí lo tenéis acabado. La verdad es que ha valido la pena… ¡Y pensar que estuve a punto de tirarlo!
¡Hasta pronto!

Palet + Pintura = Abeto.

¡Hola!
Sí, lo sé,  ya no toca, pero es que estoy poniendo orden a las fotos y, de paso, haciendo carpetas con las cosas que tengo pendientes de publicar y me he dado cuenta de que llevo muuucho retraso.
Por ejemplo, hoy os voy a enseñar el árbol de navidad que he puesto este año en el jardín…. Y me diréis: Pero… ¡¡¡¡Si ya no toca!!!! Síiii, lo sé, pero me es igual.
 Yo os lo enseño porque creo que os puede gustar y alguna quizás se guardará la imagen en Pinterest para tener una idea de cara a la próxima navidad, y porque lo he hecho yo y me apetece que lo veaís.
El árbol tiene, evidentemente, forma de abeto y está realizado con la madera de un palet.
Para ser sincera, lo construyó mi marido ayudado por su hijo.
Primero desmontaron el palet. Cortaron un primer trozo con la medida de la pieza superior y para las siguientes aumentaron la longitud escalonadamente de manera que a montarlas sobre un eje formaran la silueta de un abeto.
Para el eje utilizaron un listón al que le dejaron el extremo inferior más largo para poderlo clavar en la tierra.
Mi trabajo consistió en pintarlo y decóralo.
Lo pinté con pinturas Chalk Paint, usando un color diferente para cada tablero, usadas directamente sobre la madera bruta, sin lijar ni pulir.
Una vez se hubo secado, le pasé la lijadora para desgastar la pintura para darle un aspecto desgastado.
Dado que el abeto lo iba a colocar en el exterior, le di una pequeña capa de cera, de este modo la pintura quedó mejor adherida.
Para decorarlo usé unas pequeñas figuras de madera con forma de estrella y abetos que hacia varios años había comprado y que casualmente concordaban los colores con los que yo había usado.

El abeto lo coroné con una estrella que recortamos en un retal de DM que teníamos por casa, pintada de color amarillo intenso.
También le puse luces pequeñitas blancas que al anochecer encendía y de este modo disfrutaba del abeto de día y de noche.
Fácil, rápido y resultón. ¿Os gusta?
Y eso es todo.
¡Nos vemos pronto!  

Teñir tela con Té.

¡Hola!

Para confeccionar la cara y extremidades de los muñecos de trapo, normalmente, utilizo una tela de algodón 100% en color natural. Pero últimamente cuando la compro, aunque dicen que no está blanqueada, cada vez es más blanca y…. ¡No me gusta! No me gusta porque los pobrecitos muñecos parecen albinos, jajajaja.

La única solución que ha cavilado mi cabecita es teñir la tela. Sí, pero parece más fácil de lo que realmente es. Porque no quiero teñir la tela de color rosa, o asalmonada para que parezca piel, más bien me gusta un tono amarronado,  pero que tampoco parezca sucio y que no sea muy oscuro que parezcan que se han tostado al sol…

Así pensando, se me ocurrió que quizás quedaría bien tiñendo la ropa con té.
Ya he utilizado esta técnica, pero normalmente lo hacía para teñir puntillas con lo que no me importaba demasiado si el color derivaba hacia el marrón más o menos tostado, así que antes de lanzarme a teñir la ropa quise hacer una prueba.

Dado que hay diferentes tipos de té, el resultado es diferente, así que realicé la prueba con cuatro tipos de té y una hierba: Té verde, Té rojo, Té negro, Té breakfast y Rooibos.

Tomé cinco tazas y puse la misma cantidad de agua a todas, un sobre de la infusión y trozos de tela cortada del mismo tamaño para así poder hacer la comparativa.

Herví el agua, puse el sobrecito y en unos pocos minutos, cuando ya había infusionado el té,  introduje la tela que previamente la había sumergido en agua.

La removí y la dejé bien sumergida para que el tinte actuara uniformemente, de lo contrario pueden quedar trozos con menor cantidad de color y al secarse hará el efecto de estar sucia. Pero ojo, que si lo que se quiere conseguir es ese efecto también se puede hacer.

Al cabo de tres horas, saqué los trozos de tela y los aclaré con abundante agua. Ya se apreciaban los diferentes tonos.

Todos habían quedado diferentes. Como ya sabéis en la ropa mojada los colores son más intensos, por lo que tendí los retales y los dejé secar.

Una vez secos, los planché para apreciar mejor el color. La verdad es que el resultado me gustó bastante aun que no hubiese una diferencia muy sustancial entre ellos.

El Té verde da como resultado un color caramelo y  el Rooibos un caramelo más intenso,  el Té rojo un tono asalmonado, Té negro  y el Breakfast tienden a marrón.

Ahora sólo me queda escoger el color que más me gusta y hacer el tinte a mayor escala: más té y más agua y lo más importante, para que el color quede bien fijado añadir sal y vinagre.

Y ¡Listo! Esto es todo por ahora.
¡Nos vemos pronto!