Angelitos, muchos angelitos, porque empieza la Navidad.

¡Hola!
¿Nos os parece que cuando estamos ya en estas fechas empieza de verdad la Navidad? 
¡A mí sí! Supongo que es porque, hasta ahora, nos habíamos empezado a empapar de cositas navideñas: tiendas decoradas, otras que venden productos para la ocasión, calles iluminadas, un montón de anuncios en la tele que nos succionan el cerebro para que consumamos muchos productos de todo tipo… Pero es este fin de semana, el de la Constitución y la Purísima, cuando visto mi casa de fiesta. 

Decorar la casa para estas fiestas, me gusta, me entusiasma, me ilusiona. 
Así que ya he bajado del armario las cajas con cosillas navideñas y empezaré a revisarlas por si me falta algo. Siempre se ha de renovar alguna. Pero pocas, porque, aunque dicen que ya estamos saliendo de la crisis, en mi casa todavía no se nota.¡¡¡Así que no nos toca otra que poner mucha imaginación y poco dinero!!!

Aunque siempre me gusta comprar algún objeto, es cierto que consumo mis recursos imaginativos y, con mis manitas, hago algún adorno. Este año no tiene que ser diferente. Por ello ya llevo unos cuantos días estrujándome la cabeza para ver qué es lo que hago esta vez.
 Algunos adornos son temporales, duran justo los días de las fiestas; pero hay otros que están realizados con pasta de moldear o con otros productos que son duraderos y delicados, y éstos son los que guardo con cariño año tras año, intentando que no se rompan.
Hoy os enseño unos angelitos de arcilla pintada que hice hace muuuchos años. 

Están un poquillo viejitos, pero desde que los hice no han fallado ni una sola Navidad en casa. Cuando los creé, no había tantos recursos para hacer manualidades como hoy en día. Seguro que si los volviera a hacer, entre la variedad de materiales que se pueden encontrar y la infinidad de tutoriales que hay en internet, saldrían un poco mejor, jajaja… ¡Pero siguen siendo mis angelitos!

También os quiero mostrar estos otros, son mini angelitos, los realicé con pasta. También tienen unos cuantos años.
Utilicé macarrones rallados, fideos de agujero y farfalle. Para las cabezas compré unas bolitas de papel maché. Armada de paciencia, primero encolé las piezas y, después, pincel en mano, les di color, les pinté carita… Y aquí están… Simpáticos, ¿no? Ya veis, ¡la pasta no solo sirve para comerla!

Bueno, estos días estoy ocupada “muñequeando”, como dice mi marido. Estoy cosiendo alguna muñeca que me han encargado y quizás no pueda “bricolear”  tanto como me gustaría, pero ya os enseñaré lo que haga.
¡Nos vemos pronto!


El Señor y la Señora Egg-Cup.

¡Hola!

Sigo mostrándoos cosillas que hice hace un montón de años con ayuda de mi hija.
Esta vez se trata de unas hueveras y, al igual que la gallina y el pato, también hace más de quince años que las hicimos.
Recuerdo que las compramos expresamente para decorarlas. La idea era hacer otra cosa, no recuerdo muy bien qué,  pero no sé muy bien el porqué acabaron convertidas en el Señor y la Señora Egg-Cup.
Los he apellidado así porque él me recuerda a un escocés por el gorro, aunque por el bigote también podría ser francés jajaja.  
Los detalles están hechos con pasta de moldear de secado al aire.
Primero hicimos todos los detalles y los dejamos secar. A continuación, los enganchamos a las hueveras,  y finalmente las pinté con pinturas acrílicas.
El tiempo ha querido que el color de alguna de las piezas se haya trasformado en otro ¡Mirad las narices! ¡Son amarillas! Jajaja…
¿Os gustan como quedaron? ¿Consideráis que es una buena idea transformar unas simples hueveras de loza en personajes decorativos? Quizás no sirvan como hueveras, pero sí para guardar pequeñas cositas. ¿No?
¡Estos personajes me acompañan desde hace tanto que los considero miembros de mi familia!

¡Nos vemos pronto! 

La gallina y el pato.

¡Hola!
¿Qué os parece esta gallina? Ja ja ja.


Fea ¿Verdad? ¿Y el pato? Tres cuartos de lo mismo. 
Los hice con mi hija Mariona cuando ella debía tener trece o catorce años -ahora tiene veintiséis.
Están realizados con pasta de moldear de secado al aire. La compré en una tienda de manualidades y, por aquel entonces, para mí, era una auténtica novedad.
Ella me ayudó a moldear. Una bolita para la cabeza, dos más chiquitas para los ojos, las plumas, el pico…
Cuando estuvieron secas, yo me dediqué a colorearlas con pinturas acrílicas. Intenté poner muchos detalles y mucho color.
Todo lo pinté a mano alzada y con paciencia. De todos modos, si los volviera a hacer, cuidaría más los detalles. Es lo que tiene la experiencia, que nos vuelve un poco más perfeccionistas.


El estampado que pinté es un poco del estilo clásico de las telas provenzales…
Con el tiempo se han descolorido un poco unas partes más que otras, y se han ido rompiendo las plumas, la cresta… Pero van sobreviviendo al paso del tiempo.

Y eso es todo por hoy, espero que os haya gustado


¡Nos vemos pronto!


Pasta de sal.

¡Hola!
Os quiero enseñar unos muñequitos de pasta que hice la friolera de dieciséis o diecisiete años, o quizás alguno más, porque no soy capaz de recordar cuando los realicé…
Se trata de unas figuritas de unos ositos y una conejita creados con pasta a la sal, y después pintados  y decorados a mano.
No sé si conocéis esta pasta.

Se hace amansando harina, sal y agua hasta que quede fina y moldeable. El inconveniente es que, una vez realizado el trabajo que queramos hacer, se ha de hornear hasta que se cueza.

Una vez cocida y fría ya se puede pintar.

También se puede colorar la pasta antes de trabajar con ella, y después hornear.

Y, cómo no podía ser de otra forma, con lo que me gusta experimentar y aprender cosas nuevas, probé de las dos maneras.

Los ositos los realicé con la pasta coloreada.

La conejita la pinté una vez horneada.

¿Qué os parecen?

Están un poco viejecillos y empiezan a estar bastante agrietados. Para poder hacer estas fotos, enganché algún trocito con cola.  Me da penita que ya se vayan desmoronando… ¡Pero es que el tiempo pasa factura a todos!

También hice una conejita bailarina, pero la tiene mi hija colgada en la pared de la habitación de su casa. Le he de pedir que haga fotos.

Buscaré la receta y os la pasaré, por si os apetece probar.
¿Os gusta la idea?

¡Hasta pronto!

Organizando una fiesta.

¡Hola!

El pasado 3 de abril mi madre cumplió 83 años.
Una edad importante. Son muchos años de recopilar poco a poco vivencias y sabiduría.
Días antes, pensando en la fecha señalada, me di cuenta que estaría muy bien prepararle una fiesta sorpresa, ya que nunca la habíamos sorprendido con una.  

Decidí organizar la fiesta en mi casa.

No importaba que no fuera una edad redonda, la de los 18, 40, 50, 75, 80…. Quien más quien menos de la familia había recibido la sorpresa de una comida familiar para festejar su cumpleaños sin importar la edad que cumpliera.
Me puse en contacto con toda la familia y planifiqué una comida para el día 12. Nos reunimos 26 personas.
Todos tenían que llegar a casa antes que mis padres para poder sorprender a mi madre. ¡Y así fue!

Para poder ubicar la mesa tuve que quitar todos los muebles de la sala. La mesa, las sillas, butacas, sofás… Todo fue apartado.

Como no tenía mesa para tantos comensales, solicité al ayuntamiento de mi pueblo que me prestase unas mesas y sillas. Y también pedí prestadas, a unos amigos, unas sombrillas grandes para el jardín.

Para preparar la mesa compré manteles y servilletas de papel, así como los platos, vasos y cubiertos que eran desechables -aunque los cubiertos los he reciclado para otra ocasión-, todo coordinado en tonos azules.
Con unas cuantas servilletas preparé un camino de mesa que situé en el centro y a todo el largo.

Doblé las servilletas de manera que pude insertar los cubiertos en el interior y los introduje en el servilletero que había preparado con cartulina y que llevaba una inscripción de la celebración del evento.

Al poner la mesa, coloqué el conjunto de la servilleta con los cubiertos encima de cada plato, que al ser blancos, resaltaban sobre el azul intenso del mantel.

Como decoración, en el centro de la mesa situé unos amigurumis que había confeccionado para la ocasión y con los que obsequié a los invitados, pero ya os los enseñaré con más detalle en otra entrada.

Como toque festivo, decoré la estancia con unas guirnaldas y unos pompones, que había elaborado especialmente para este día, con papeles de colores.

Hizo un día estupendo y todo salió a pedir de boca. Luisa se llevó una grata sorpresa y disfrutó de nuestra compañía.

¡Nos vemos pronto!