Un ramito de flores silvestres.

¡Hola!
Hace unos días, durante el paseo matutino que hago diariamente con mis perros Mel y Nano, me di cuenta que la primavera empezaba a asomar. Por los márgenes del camino brotaban unas plantas y florecían otras. Las ramas de los árboles estaban llenas de botones a punto de abrirse y de hojillas que empezaban a despuntar. 
¡Qué bien! ¡Cómo me gusta que el sol caliente más, que empiecen a alargarse los días y se respire el renacer de una nueva primavera!

De repente, me percaté de que podría haber hecho un montón de fotos pero, como tantas veces, no llevaba la cámara y… ¿Qué hice? Pues fui a casa rápidamente, la cogí y volví a salir antes de que la luz fuera más intensa para evitar que las fotos salgan un poco quemadas.
Disfruto de estos pequeños momentos: el silencio de los campos, la brisa, el sol y… la fotografía. Y todo ello salpicado de la compañía de los perros correteando, saltando y olisqueándolo todo.
Entre foto y foto, recogí unas florecillas silvestres. Así que hoy os voy a enseñar cómo hice un pequeño ramillete, que es algo un poco diferente de lo que os he ido mostrando hasta ahora.

Como no recogí muchas flores, a modo de jarrón usé una lechera de un juego de café que tiene un toque rústico.

 El primer paso y muy importante: Limpié los tallos de hojas y ramitas. Hay que ir dejando sólo las flores y alguna hoja, si las tiene, de la parte superior. Esto sirve para que cuando pongamos nuestro ramo en agua, ésta no pudra las hojas que estén en contacto con ella y evitamos que desprendan mala olor.

Una vez limpias, las fui cogiendo una a una y las coloqué en espiral, formando un abanico. Haciendo que

quedaran unidas en un punto que fui sujetando entre los dedos.

Cuando las tuve todas colocadas, corté los tallos para dejarlos igualados. Previamente calculé la altura del jarrón.

Las introduje en la jarrita y ¡Listo!

Un pequeño secretillo. Como la boca de la jarrita era muy ancha, para que las flores quedaran más juntas, introduje en el interior un pequeño bote de cristal, de los que guardo para reciclar, con agua y las flores dentro de éste.

Y eso es todo, solo queda disfrutar de su compañía.

¡Nos vemos pronto!


Muñeca japonesa y Reina

¡Hola!
¿Os acordáis de esta muñequita japonesa?  
Os la presenté en ESTA entrada del mes de octubre. 

 

Ya expliqué que me la encargó mi prima para regalársela a la hija de unos amigos japoneses que vinieron el pasado verano para pasar unos dias con ellos.

La niña se llama Reina, pero, según me comentó mi prima, no es una traducción. No, su nombre es Reina. Imagino que en japonés no tiene el mismo significado que en castellano, o sí, no lo sé, pero el nombre -para ser japonés- suena muy nuestro, ¿No?

Pues bien, ya hace un tiempo que me llegaron unas fotos de Reina con la muñeca. Creo que son divertidísimas y por eso quiero enseñároslas.

La niña es una monada, y lo que más gracia me ha hecho es el parecido que tienen la muñeca y Reina. 
¿A qué parecen hermanas?

¡Nos vemos pronto!

Una caja de hilos de antaño.

¡Hola chicas!                 

Un día mi suegra, María, me sorprendió con un pequeño paquete. En una bolsa de plástico había puesto restos de cintas de raso, de pasamanería, gomas, cinchas y puntillas que tenía por casa para ver si podía aprovecharlas para las cosillas que hago.  Evidentemente, en un momento u otro aprovecho todo, todo y todo lo que cae en mis manos para algún proyecto.
Pero había más. Dentro de la bolsa también había una pequeña caja de cartón. Del recio, no de cartón como las cajas de hoy en día, no. Una de esas cajas de las de antes, que tienen cuarenta años y pueden aguantar otros cuarenta más; y en su interior, un pequeño tesoro
Pequeñas bobinas de hilo de bordar. Con sus carretes de madera y los colores brillantes.

Caja e hilos no formaban parte del mismo lote, pero como la caja es tan resistente, al vaciarse,  fue rescatada de su destino, la papelera, para guardar en su interior una serie de hilos que, quien los guardó ahí, nunca hubiese imaginado que hoy alguien estaría mostrándolos con orgullo.

A mi estas cosas me pierden. Todo lo viejo, antiguo, con su historia, me atrae como si fuese un imán. Lo atrapo. Lo admiro. Lo guardo. Lo vuelvo a mirar. Y ahora, desde que tengo este blog, puedo compartirlo con vosotras.

Este es mi pequeño homenaje a estos accesorios, a los que no damos importancia; pero que están a nuestro lado año tras año, pasando a formar parte de nuestra herencia, esa que no escribimos ni decimos pero que de repente han pasado a tus manos.

Esas tijeras de la yaya, o el huevo de madera de zurcir calcetines, que ya de pequeña recuerdo en la caja de costura de mi madre, ese dedal, que con el tiempo ha cambiado el color… algún dia, espero, pasen a formar parte de los objetos de mi caja de costura, como hoy  ya forman parte de mis cosas esta estupenda caja de hilos.

¡Nos vemos!

Identificadores para maletas

 
¡Hola!

Cómo ya os he contado más de una vez, mis hijos, Arnau y Mariona viven en Londres y Zúrich. Además, desde enero, Marina, la novia de mi hijo, está en Cardiff. Esto supone que varias veces al año viajan arriba y abajo con las maletas. De todos es sabido que la cantidad de maletas iguales o muy similares que hay en el mundo mundial y, cuando están en la cinta transportadora, el hecho de que lleven un distintivo facilita bastante reconocer la tuya.
Pues bien, en diciembre, Marina, me pidió si podía confeccionar un marcador para las maletas. Quería regalárselo a mis hijos, y me dijo que de paso también hiciese uno para ella.
¡Podéis imaginaros! Yo… ¡Encantada de la vida! Si eso es lo que quiero, que me pidan cosas para hacer, porque disfruto a capazos haciéndolas. El rato de pensar: ¿Qué voy a hacer?, ¿Cómo lo haré? Y buscar las telas… ¡Me encanta!
Después de darle vueltas y vueltas, decidí hacer un agarrador para el asa de la maleta y una etiqueta.
Me gustó tanto la idea, que decidí hacer unos cuantos más para regalar a mis hermanos, que también viajan bastante y para mí.

Os explico cómo podéis hacerlo, por si os animáis. Ya veréis que es muy fácil y rápido de hacer  y en muy poco tiempo lo tendréis terminado. Hice una docena de agarradores en poco menos de dos horas, y más o menos el mismo tiempo para las etiquetas.

AGARRADOR.  Materiales necesarios:
– Tela, 2 cuadrados de 15 x 15 cm.
– Guata, 1 cuadrado de 15 x 15 cm.
– Hilos a tono con las telas,
– Velcro, un trozo de 14 cm.
– Máquina de coser.
 Primero cortad dos cuadrados de tela de 15 x 15 cm. Si queréis que sea reversible, usad dos telas diferentes. Cortad, también, la guata de la misma medida, 15 x 15 cm.

Colocad los cuadrados de tela derecho contra derecho y añadid la guata. Para poder coser con más facilidad, yo puse la guata abajo.

Cosed alrededor de la tela, dejando un margen de costura de medio centímetro, dejando una obertura en uno de los laterales para poder dar la vuelta. Cortad las esquinas en escuadra para reducir el volumen. 

Girad, cosed la obertura y planchar.

Como paso final, cosed el velcro en uno de los laterales y el otro en el lado contrario, pero teniendo en cuenta que la pieza se debe enrollar para cerrar, por lo que irá en la cara contraria.  

Estos son los doce que hice, casi todos son reversibles. En la foto podéis ver las dos caras.

ETIQUETAS. Materiales necesarios :

– Tela, 2 trozos de 12,5 x 6.5 cm. y 1 trozo de 4 x 25 cm.  Pueden ser iguales o coordinadas, a gusto de cada una.
– Fiselina adhesiva, un rectángulo de 12.5 x 6.5 cm. 
– Un trozo de acetato, o plástico transparente de  5,5 x 8 cm.
– Hilos a tono con las telas.
– Máquina de coser. 

Vamos a preparar la tira de 4 x 25 cm. Para ello, doblad hacia el interior un centímetro por cada lado. Quedará una tira de dos centímetros de ancho. Volved a doblar por la mitad, marcad bien el doblez, ayudaos con la plancha. Ha quedado una tira de un centímetro de ancho. Cosed a lo largo. Yo he usado el punto de zigzag, se puede hacer con el punto que más guste.

Vamos ha hacer el cuerpo de la etiqueta. Planchad la Fliselina adhesiva en uno de los trozos de tela.
Colocad los dos rectángulos, derecho contra derecho. Cosed alrededor de la tela, dejando un margen de costura de medio centímetro. Dejad uno de los laterales pequeños sin coser, servirá para poder dar la vuelta. Cortad las esquinas en escuadra para reducir el volumen. Girad y planchad bien. Doblad la obertura un centímetro hacia el interior, introducid los extremos de la tira que hemos preparado al principio, doblada por la mitad. Aquí podéis escoger entre doblar las esquinas o dejarlas rectas, según la forma que se le quiera dar. Yo hice unas cuantas de cada.
Para finalizar, cosed el plástico o el acetato en una de las caras, al mismo tiempo que pespunteáis todo el contorno de la etiqueta.

Preparad unas etiquetas en cartulina con vuestros datos, introducidlas en el interior del bolsillo trasparente y… ¡Listo!
Las etiquetas que preparé yo llevan una cara para poner los datos y la otra una frase divertida: Eps!!! Aquesta no és la teva maleta (“Eps!!! Esta no es tu maleta”).

Sólo queda que los pongáis en la maleta. Tendréis un identificador único, bonito, suave y original con una etiqueta a juego; además de que podréis reconocer vuestra maleta de un simple vistazo.

Como eran para regalar preparé bolsas de celofán en las que metí una etiqueta y un agarrador. Para cerrar la bolsa preparé etiquetas que imprimí en papel grueso y grapé en la parte superior de las bolsas. Ya sabéis cómo me gusta que los regalos estén bien envueltos.

A mi me encantan cómo han quedado, y ya os lo he dicho, en una ratito lo tenéis hecho: fácil y rápido.
¡Nos vemos pronto!


Puntillas a ganchillo.

Hola!

A veces, sin pensar demasiado, me pregunto: ¿Cómo es que me gusta tanto hacer labores?
Pues bien, hoy estaba buscando un mantel bonito que me sirviera de fondo para hacer unas fotos y, sin darme cuenta, me he encontrado con la respuesta.

Entre mis manos tenía unos sencillos manteles que estaban elevados a la categoría de preciosos por la puntilla tejida a ganchillo. Tan bien trabajada. En su justa tensión, con los puntos bien enzarzados. Las servilletas con el ribete de picots…

La autora de estas “obras de arte” no es otra que mi madre. Ella me dio el ser y me ha dado también su saber hacer. He tenido la gran suerte de, no sólo aprender con ella y de ella, sino de heredar su gracia.

Mi madre es una mujer de las de antes, de las que pasaron una guerra siendo pequeñas y, por ello, llevan marcada en su piel una dura posguerra. Es de esas personas que viven por y para los demás, y no puede ser de otra forma. La criaron así y ella lo aceptó sin pararse a pensar si su vida podría haber sido de otra manera.

Mi madre es de esas personas  que me sorprende cada día. Acepta la vida como le viene,  y va solucionando las cosas paso a paso. Con optimismo. Cuando las dan mal dadas, suelta su frase: “Hija, ¿qué quieres que haga? Si la vida es así, no me voy a echar a llorar, ¿no?” Y no lo hace, como mínimo delante de nosotros.
Es presumida. Le gusta vestirse con colores alegres (la vida es ya bastante gris, dice) y le sientan bien. Es jovial, habladora, amiga de sus amigas. Hermanísima de su hermana. Hermana de su cuñada, sí, de su cuñada (se quieren como si lo fueran). Abuela, tía, vecina. Es…” la Luisa”. Y estoy orgullosa de que sea mi madre y de que me digan que cada día me parezco más a ella. Ojalá.

Podría seguir hablando de ella y llenar líneas y líneas. De hecho, podría llenar tantas que podría escribir un libro, así que lo dejo aquí. Ha sido un pequeño homenaje a mi madre.

Os enseño las mantelerías que me ha hecho últimamente.

La de color ocre me la regaló el verano pasado. Es muy larga para que, cuando somos muchos y estiro la mesa, quede toda cubierta.  Es de hilo. Tiene un tacto y una caída geniales.  Lleva un poco de mezcla, con lo que no cuesta nada plancharla. Ya la he usado en varias ocasiones y, de verdad de la buena, que queda genial y se lava y plancha muy, pero que muy bien.

La blanca es de tela estilo Aida de DMC. La primera idea era hacer algún bordado, pero finalmente decidimos dejarla así. Me gusta que sea tan blanca. 

¿Os gustan? ¿Veis esas puntillas? Están hechas con esmero, poco a poco, sin prisa. Lo bonito lleva su tiempo.

¡Hasta pronto! Nos vemos.