Restaurando un escritorio de los años 40

martes, 29 de octubre de 2013


¡Hola!

Unas de las cosas que me apasiona es la restauración de muebles y objetos viejos.
Para mí la restauración  empieza en el momento en el que descubro un mueble o un pequeño objeto en una almoneda  que me gusta, y lo llevo a casa.

Pienso en la historia que tiene, imagino en qué casa habría estado, quien era su propietario, qué secretos habría guardado,  ¡las cosas que nos podría contar si hablara…! Me gusta darles una segunda oportunidad, pues con  un poco de  esfuerzo recuperan su antiguo glamour y disfruto viéndolos  decorar  algún rincón de casa.

Este escritorio lo compré a mi “proveedor” de muebles viejos,  un almacén de almoneda de mi pueblo,  por el que me pasaba casi cada semana, a la búsqueda y captura de piezas que me enamoraran.

Me gustó por varios motivos: estaba casi en perfecto estado -por lo que el trabajo de restauración sería fácil-, porque enseguida visualicé donde lo pondría y... ¡porque en el fondo de uno de los cajones descubrí  un viejo sello de caucho de la empresa de donde procedía! ¡Me encantó el descubrimiento!   Me sentí como Sherlock Holmes deduciendo la procedencia del mueble y los datos de sus antiguos propietarios.

El proceso de restauración fue sencillo, pero un poco largo. En las fotos podréis observar el cambio del antes y el después.

Lo primero que hice fue decapar el mueble para retirar el barniz antiguo. A continuación, lo lijé con un estropajo de acero muy finito para quitar los restos del barniz y de decapante. Llegado a este punto -y como medida de precaución ya que estaba muy bien conservado, con una brocha, le di varias capas de mata carcomas. Extendí el producto por todo el escritorio y, en los pocos agujeritos que tenía, lo inyecté con una jeringa. Dejé que se impregnara bien la madera.



Pasados unos días, tapé los agujeros con cera. Las hay en diferentes tonos y hay que hacer servir la que se asemeje más al color de la madera. Acto seguido repasé con papel de lija de grano muy fino todo el mueble.


Llegado a este punto, sólo faltaba limpiar bien para que no quedase polvo del lijado y barnizar.  Usé un barniz al agua transparente y satinado. Otra opción es aplicar cera, pero como le iba a dar mucho uso, creí que quedaría más protegido y sería más fácil de conservar si lo barnizaba.

Para acabar, forré los cajones con papel de regalo.

Y este es el resultado. Espero que os guste.

¡Nos vemos pronto!
   
  




2 comentarios :

  1. Que bonito l tema de la restauración y trabajazooo!!!!. Te ha quedado precioso, le has dado una nueva vida.
    Un beso

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  2. Gracias Marta, lo bueno de esto es lo bien que me lo paso haciendolo.

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Muchas gracias por tu comentario,

Vicky

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